Asientos rojos

La ciudad se convertía en un hormiguero de colores y movimiento, a esas horas en las que todos huyen de un día ahogado en la monotonía y buscan refugio en una noche en la que al menos la sopa tenga una sorpresa. Ella espera sentada en algún tren, espera con la boca llenita de palabras dormidas que están a punto de despertarse agitadas con el estrépito de las calles. Con el fuerte grito del tren las dormidas comienzan a cosquillear su lengua y suben y bajan, se tornan coloridas e invaden los sentidos de aquella mujer. Y siente.

Un hombre mueve su boca y cuenta alguna historia mientras se sostiene de una baranda. Pero los gestos comienzan a exagerarse: la boca se estira y se encoge arrítmicamente, unos ojos que miran paranoicos y manos que se sueltan para que el cuerpo busque el equilibrio. Cae. Cae y en el suelo el movimiento desfigura su cuerpo. ¡Y los colores! Su cabello se vuelve verde de tanta risa y el verde se esparce y se combina con los colores del tren y de la gente. La mujer mira sus manos y son tan moradas como la uvas.

El tren se queda mudo y ella siente que le hace falta sabor en la boca y un hormigueo que hace unos segundos sentía. El tren se queda como muerto, la piel se vuelve piel y la gente se comporta como la gente. El silencio llega y todos pensaron que habían tenido un micro sueño.

Otros

El frío resquebraja mi memoria
y van cayendo pedazos congelados
que dejan descubiertos días hechos fósiles.

De cuando eras extranjero en tierras de risas,
de nuestras fronteras como grandes monstruos silenciosos.

De cuando en callejones sucios
algunos ojos nos miraban con temor
porque la gente le tiene miedo a la locura.

De cuando yo te construía con esperanza en los huesos,
y de estos días que el frío remueve la construcción de vos.

Trozos de agua

Te dividís infinitamente
dejás de ser carne para ser agua
en la que chapotean soledades.

Punto a punto
el asfalto se oscurece por vos:
lo llorás,
o talvez sos vos, cayendo.

Te veo bailar frente a las nocturnas luces
y hacés de ellas refugios melancólicos
que gritan entre gotas iluminadas.

A veces,
creo que estás derramado por todas partes.

Contraproducente

En las manos vos no traías una formula,
tampoco una dosis, fecha de vencimiento,
indicaciones ni efectos secundarios,
tu sustancia activa es un misterio
y no te vendés con la mentira del buen sabor.

Descubrir tu naturaleza
es mucho mas agradable
que descifrar el lenguaje farmacéutico.

Podrías ser una maravillosa droga,
un camino al éxtasis,
mi posible motivo de farmacodependencia.

Sin embargo,
tus besos no son la cura
para un corazón que se desgarró,
el amargo etílico se combina con tu saliva:
intoxicación.

Karma

Tu olor,
sigue siendo como esas flores salvajes
que se pegan en la piel y en la ropa,
si te toco, me envuelve.

Mis palabras ya no son confesiones,
son respuestas a tus preguntas,
impulsos de mis labios.

Tus manos no son frutos divinos,
son de carne, como las mías.
Aquellos cuerpecillos misteriosos
son sólo extensiones de tus manos.

Y tu despedida
no es confusión y melancolía,
vos decís nos vemos luego
y yo digo adiós.

De lluvia y ojos


...............................

..........................Ese olor
.................... olvidado inunda
.................. las planicies de mi
..............memoria y llega el vértigo
........... que se desborda por mis ojos
........¡Paraguas, paraguas para mis ojos!
.......Un aguacero de pretéritos me salpica
........los ruedos del pantalón y las gotitas
...........................tre
...........................pan
...........................por
...........................mis...nas
..............................pier.........
..........................................................................................
................................................................y como
............................................ bestia lluviosa
................................. me encharca
.....................la memoria

Desde adentro

Risas que se escurren por mi boca,
río con mi estomago, con mi voz,
con mis ojos, mis manos,
con mis pestañas y mi diástole,
hasta de mis uñas escucho carcajadas,
disfruto las cosquillas en mis intestinos
y desde adentro, me río.

Alguna risa se va silenciando
y no quedan ni ecos,
la ausencia de risas, también
duele desde adentro.

Ausente

Mínimos recuerdos de vos
van formando el epígrafe
de un poema que se intenta escribir.

Verbos que no se conjugaron,
adjetivos que se quedaron en espera,
versos que se deshacen con el frío:
un poema con costillas ausentes.

Un final que se desmorona cada noche
en una hoja blanca, apenas poblada
con un epígrafe empolvado.

Pasillo

Pone el talón y va dejando caer el peso del cuerpo hasta que pone los cinco dedos. El verbo caminar se le confunde con saltar: no avanza. Mueve los pies y sólo se sumerge en el vacío, ¿estará caminando hacia atrás y hacia el fondo?

Se vuelve mas oscuro y mas frío. El miedo aumenta en función de la distancia recorrida, pero sigue caminando a paso lento. Piensa en correr, pero si corre y no llega a ningún lugar entonces el miedo será inmenso y acabara por dejarse caer en medio de la nada. Camina. Lo piensa de nuevo, quiere correr. Piensa en apresurar el movimiento de sus pies: poner talones y dedos, poner talones y dedos. Entonces se lanza como si se lanzara al precipicio del absurdo, con los ojos cerrados y con los brazos estirados para seguir sintiendo la nada, que imagina poblada de figuras transparentes que se burlan y le punzan los nervios al verlo correr en un pasillo circular. Y quiere correr. Se lanza como corriendo tras la vida para talvez chocar directo con la muerte. Se lanza a correr con los brazos extendidos, y apenas sus pies se aceleran, se dispara su cuerpo y se le quiebran los brazos al dar con el más sólido de los vacíos.

Como una cabra


El mundo se volvió loco, pero loco de verdad.

Entonces lo que antes quería decir la palabra verde se comenzó a usar para describir el color de la sangre y en las esquinas se encontraban girasoles azules que parecían pequeños astros diurnos: las palabras no eran lo que antes fueron, y los gatos se hicieron llamar gusanos. Hablar se volvió complicadísimo, y mientras tanto un hombre que vivía en Turquía se fue a buscar a la Habana a una mujer que le juró lastima eterna. ¡Que libertinaje de significados!

Los libros dejaron de leerse. Se los comían como se come el queso, se atiborraban de exquisitos trozos de papel con olor a humedad, aunque por falta de dinero algunos tenían que tragar los que aun tenían el olor a tinta fresca.

La gente le iba a rezar a los santos de la nostalgia en rojos trenes, mientras las capillas ardían de tanto pecado. Y las calles, todos salían a arrastrarse para sentirlas con todo el cuerpo, ¡que hereje quien no se llenara de asfalto y de luces cada noche!

La gente dejó de ver noticias y leer periódicos, nadie se dio cuenta que el 7 de Abril el mundo salió del Psiquiátrico Espacial, nadie supo que había que volver a la normalidad, entonces el mundo siguió loco, pero loco de verdad.

Calles nocturnas

Hay que sentirlas.

Algunos dicen que surgieron por necesidad, y yo pienso igual. Es una necesidad verlas por las mañanas, cuando el sol evapora los restos de nostalgias que en las noches las embriagaron. Y sobre las calles y las nostalgias nocturnas hay mucho que decir y bastantísimo que sentir; eso de ver las luces como refugios resulta peligroso porque dan ganas de escalar hasta ellas y gritar que dejen de ser tan crueles, o que dejen de ser tan débiles y ya no lancen esos gemidos sordos que duelen a los transeúntes; o todo esto podría terminar en una sombría seducción y jugar a sentir las calles o dejar que las calles se sientan en el propio cuerpo. Esa invitación a descubrir los espacios en los que nunca nadie ha estado, los espacios que tantas veces han sido zapateados, los que prometen hacer de nuestro cuerpo una masa etérea, los que esconden la magia y hay que seducirlos para que entreguen un poco cada noche. Hay que dejarse encantar por ellas y dejar que se encanten con nuestros pasos, sólo así las andanzas serán música, serán colores, serán emociones, serán calles palpitantes.

Pasarán las horas y terminaremos confundidos con gatos que se cuelan en camaleónicos callejones...

Construir

"Tratar de convencer a otra persona es indecoroso,
es atentar contra su libertad de pensar
o creer o hacer lo que le dé la gana..."
Jaime Sabines

Vamos a dejar de creer a medias
para comenzar a creer de verdad.

Ya los colores están en el cabello de los pinceles,
vamos a colorear, a inventar verbos,
no arranqués de las paredes la pintura
y dejá de usar tantas terminaciones en pasado.

Así que vení,
y construyamos recuerdos
que más tarde nos duelan.

GRACIAS!

Por ciertas razones, lo amé.

DIBUJO DE ALDEA Manuel O. Nieto

Hemos pintado todos los bisontes de la desesperación en las paredes:

Esta ciudad duele como un grito a cuello pelado
en esta descompuesta ciudad desesperada
hay algo atascado en las calles
una minuciosa aglomeración de preguntas anónimas
de grupos de frustración a las salidas de la impotencia
aburridos solitarios
y veteranos de la soledad al pie de las mujeres
que llevan años de no pronunciar una palabra

algo que no permite respirar al aire urbano
y que conspira en secreto del otro lado de la bahía
algo abrumado y piadoso que precede a la destrucción
como un ritual ante los últimos monumentos de la estirpe

algo parecido al miedo al asombro de la tribu
y a la mágica e inesperada presencia del enemigo

esta ciudad es una aldea melancólica junto a las aguas
trazada con la increíble precisión del olvido
una cenicienta aldea con sus madrugadas de rutina
con sus alborotados comentarios de oído en oído
sus murmuraciones primitivas inexactas
y sus tabuladas maldiciones

con sus sabios en las partes altas de las azoteas
como locos reconstruyendo una historia que otros escribieron
y sus pequeños poetas bebiendo a borbotones una tristeza
que de un tiempo a esta parte ha aumentado en las bodegas
en las alcantarillas
en los estadios con su muchedumbre tratando de vomitar
por la boca y las narices
un odio acumulado y viejo
un rencor que ha alcanzado las dimensiones de la dulzura
de la inocencia
y de un estado de prisión indiferente
desarmado y moribundo

esta ciudad aldea sin artesanos ni palafreneros
en plena catequización y descubrimiento del fuego
es una barricada de rostros esperando que algo suceda
que una inesperada maniobra un gesto inexpresivo
dé otra tintura de horror a las esquinas
un ruido distinto a los derrumbes a las resignaciones
a las caidas corpulentas de las tardes sobre el mar

esta ciudad aldea huele irremediablemente a tiempo perdido
a edificios público llovidos por dentro
a conjuros a humo a alcanfor
tal vez por eso todo desemboca en las playas
en los arenales
en las perturbaciones de las mareas
cuando esta ciudad triste insalvable confundida
hace sonar sus cuernos de caza
como una profunda expropiación del corazón.

Azul desesperado

Es ese sonido constante después de la noche,
tan constante que apenas se percibe,
esta procesión de soledades bailarinas
me va adormeciendo como lo haría algún susurro.

Esta madrugada no es un espacio en blanco,
no es un cuarto poblado de melancolías solteronas;
es la tierra después de arrancar raíces,
tierra deshecha y adolorida.

Con mis pies desesperados trituro
imágenes esparcidas en el suelo
que se convierten en palabras inconclusas,
una re de correteábamos me escarba los ojos.

Esta ausencia es ese ruido constante
que aturde de madrugada y
algunos le llaman silencio.